Stop demanda

Aquellos días la presión era extrema en el despacho. Un alto directivo del banco llamó para exigir la presentación de todas las demandas pendientes. La externalización de los servicios jurídicos de la entidad financiera había provocado despidos, una elevada rotación de personal y numerosos problemas de coordinación. El despacho que se había llevado el botín, así lo llamaba uno de los socios, el botín, no tenía abogados suficientes para asumir semejante carga de trabajo. Allí estaba ella, recién licenciada y con un salario de 700 euros, afrontando la apresurada tarea de echar de sus casas a sesenta familias. Abrió un expediente y, de pronto, se quedó paralizada. Una lágrima comenzó a serpentear por su mejilla. Cuando su compañera se percató y quiso saber lo que le pasaba, ella susurró: “He visto la foto de su DNI y se parece a mi padre. Le vamos a dejar en la calle”. Se levantó despacio, algo aturdida, y dejó el expediente en mitad del montón.

Microrrelato basado en hechos reales. 

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