Esas pequeñas cosas

El actual contexto de crisis económica y otros obstáculos inherentes al ámbito municipal limitan mucho la capacidad de acción de los gobiernos locales, más aún si se carece de una visión estratégica de ciudad, como sucede en Salamanca. No es un dato menor: el Plan de Ajuste que hace unas semanas aprobó el Ayuntamiento de Salamanca, como tantos otros municipios que se acogieron al Plan de Pago a Proveedores, ata de pies y manos a los responsables municipales durante una década. Más de uno se preguntará en qué lugar queda la autonomía local con tan limitado margen de maniobra. De lo que no cabe duda es que las dificultades por las que atraviesa el consistorio que preside Fernández Mañueco no van sino a alimentar la atonía en la que vive la ciudad charra. Entonces, ¿qué puede hacer el Ayuntamiento en estas circunstancias? Si en los buenos tiempos no se logró reinventar la ciudad, es claro que en estos momentos tal reto se antoja utópico, ya que el clima político de hoy resulta más proclive a la distopía. Aceptar que corren malos tiempos para la acción política municipal es el primer paso de la derrota ciudadana, pero, al menos, el mantenimiento de los servicios públicos obligatorios (y los necesarios) prestados por el Ayuntamiento debería ser una exigencia cívica innegociable. Si la política municipal es una rémora del pasado, el acento habrá de ponerse en la gestión de la administración, si es que es posible separar política y administración cuando se habla de gestión pública. En la gestión administrativa debe exigirse a los responsables municipales una apuesta clara y decidida por la innovación y la mejora continua: recortar no puede ser sinónimo de gestionar, porque no necesariamente trae consigo una mayor eficiencia y sí asegura la injusticia.

Entre otros ámbitos de actuación, el de la transparencia y el de la administración electrónica son buenos ejemplos de la deficiente gestión pública que impera en el consistorio salmantino. La transparencia es ya una demanda ciudadana de primer orden, y no sólo constituye una exigencia de ética pública, sino que comporta un mejor rendimiento institucional. El Índice de Transparencia de los Ayuntamientos, elaborado por la organización Transparencia Internacional, sitúa al consistorio charro en las últimas posiciones. Sin embargo, ni siquiera existe un debate mínimamente profundo sobre esta cuestión.

Relacionada con la transparencia, porque la promueve, se halla la realidad de la administración electrónica, materia, por cierto, en la que nuestro país es uno de los más avanzados. La administración electrónica consiste en aplicar los medios electrónicos, las tecnologías de la información y la comunicación, a los procesos de gestión pública, lo que permite obtener una mayor eficiencia y agilidad en las relaciones de la administración con los ciudadanos. Cuando en el año 2007 una importante ley obligó a la administración a ofrecer estos nuevos canales, a los ayuntamientos se les permitió la adaptación en función de sus disponibilidades presupuestarias, y es claro que en el Ayuntamiento de Salamanca la administración electrónica nunca ha sido una prioridad, pues todavía hoy sigue siendo muy limitado el número de trámites y gestiones que pueden realizarse por vía telemática. Para muestra, un botón: el nuevo y costoso portal web del Ayuntamiento incomprensiblemente se ha retrasado un año y no ha supuesto ningún avance significativo en la materia.

Si asumimos con resignación que el ámbito de la acción política municipal, el que comprende los proyectos de ciudad, se ve mermado por las circunstancias económicas, no hay excusa para concentrar las energías en realizar mejoras de gestión. Una gestión más transparente e innovadora redundará en beneficio de la institución y de sus destinatarios, dotará, en suma, de un mayor atractivo a la ciudad.

Artículo publicado en el diario El Adelanto de Salamanca (06/07/2012).

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